Las sales

Las sales que se hallan en las células son de la misma naturaleza que las que se hallan en el suelo, rocas, cristales, o similares a las que podemos hallar disueltas en ríos, lagos, lagunas y mares.

Las sales son compuestos iónicos que contienen al menos un anión y un catión. Algunos ejemplos de sales minerales son el carbonato de calcio, el cloruro de sodio, el fosfato de calcio, el bicarbonato de sodio, el cloruro de magnesio, etc., etc.

Las sales minerales en los seres vivos pueden estar en estado sólido o bien disueltas en agua, es decir ionizadas.

Las sales sólidas forman parte de los esqueletos de los seres vivos, así por ejemplo los moluscos (caracoles) poseen carbonato de calcio formando parte de sus valvas (Fig. 1 A). El ser humano en sus huesos posee fosfato de calcio (Fig. 1B). Las sales sólidas también las podemos encontrar en uñas, garras, cuernos y caparazones. Esto quiere decir que desempeñan funciones de sostén y protección.

Fig. 1: A. Valvas de moluscos univalvo (caracoles) compuesta por carbonato de calcio; B, esqueleto humano formado por sales de fosfato de calcio.

Las sales ionizadas del sodio y del potasio son importantes en la transmisión de los impulsos nerviosos. Los iones del calcio son fundamentales en la coagulación sanguínea y en la contracción muscular. Los iones de las sales cuprosas y férricas se hallan formando parte compuestos respiratorios, los primeros en invertebrados (hemocianina) y los segundos en vertebrados (hemoglobina).

Tanto los aniones como los cationes, en definitiva, son los responsables de que las células mantengan su forma y volumen, debido a que permiten que el agua pueda ingresar sin dificultad al interior celular, ya que las concentraciones mayores de estas sustancias en el interior de la célula generan una presión tal que el agua ingresa por difusión.